La Cúpula, esa macroestructura que alcanzamos a percibir en las primeras exploraciones psiconáuticas, es una hermosa red energética compuesta por hexágonos, que genera en primera instancia un domo a nuestro alrededor y que ha sido identificada después como la bóveda celeste, una burbuja que engloba a la Tierra en la primitiva visión egocentrista.
Esta estructura cuántica, ha sido ampliamente identificada e interpretada. Desde el cuerpo arqueado de NUT (Nuit en castellano) “Madre devoradora y dadora de vida” sobre su marido Geb (la Tierra), como protectora estelar de nuestra realidad espacio-tiempo, pasando por la asombrosa metáfora del budismo majaiana la Red de Indra (que nos explica la vacuidad, originación interdependiente e interpenetración) mejor entendida como las Perlas de Indra [“una telaraña multidimensional en la mañana temprano, cubierta con gotas de rocío. Y cada gota de rocío contiene el reflejo de todas las otras gotas de rocío. y, en cada gota reflejada, el reflejo de todas las otras gotas de rocío en ese reflejo. Y así hasta el infinito”]. También ha sido descrita por la Akasha, el Sunyata y en el chamanismo amazónico conocida como la Serpiente Cósmica, la Ronin, (el Río Universal que fluye constantemente) y que en las teorías modernas, más allá del caoismo y las escuelas elementales de Magia (como la descripción del Uróboro [οὐροβóρος], serpiente que se come la cola) ha sido identificada geometricamente como un toroide, hasta llegar a los conceptos de Orden Implicado o Campo Cuántico o formalmente llamado la Lattice.
La Lattice es el enrejado de energía con la capacidad de inclusión informacional universal. Esta estructura fundamental del espacio, es una matriz energética hipercompleja con absoluta coherencia y total simetría geométrica.
Esta matriz (Matrix) holográfica de interrelaciones descrita por la teoría sintérgica es una aproximación teórica a la percepción y creación de la experiencia consciente.
La realidad (lo que percibimos) es el producto de la interacción entre la Lattice y el campo neuronal y que los diferentes niveles de la realidad están relacionados con las características de esta interacción.
La lattice, al ser una matriz multidimensional homogénea de capacidad vibracional infinita, en la cual la información de su totalidad converge en cada uno de sus puntos, precede y contiene a cualquier manifestación, pues toda forma de materia y energía tan sólo son alteraciones vibracionales de la lattice misma. Una partícula es simultáneamente un “objeto independiente” y separado del resto de los objetos y una porción modificada de la misma estructura fundamental.
La Lattice puede análogamente considerarse como un organismo infinito, multidimensional, sin espacio-tiempo, que lo engloba todo.
Su descripción es la estructura básica del Espacio y su función es la propia creación. La Lattice es el continente, la estructura formal, y su contenido o poder es pura información o conciencia cuántica; también pudiera definirse como Voluntad o Intento (para los que se adjudican toltequidad)
La energía que hace posible la sustanciación de la Lattice la conocemos como El Nous o Voluntad y cumple con su función a través del ámbito estructural (Lattice) que es suministrar Consciencia-Vida a todas las micro y macrodistorsiones de la Lattice.
(Lo que conocemos como el microprosophus y el macroprosophus) y por esto, las organizaciones nucleares y materiales también albergan ciertos fenómenos pulsátiles libres de masa, pero íntimamente ligadas a la pre-materia y materia con información que, en caso de condiciones favorables, conduzca a la biogénesis y su evolución; el eje de desarrollo evolutivo o “Punto Omega” de Theilhard de Chardin (extraordinario escritor) o el “Atractor Extraño del futuro ideal del Hipercampo” de Jacobo Grinberg.
Estos fenómenos pulsátiles, energía cuántica o manifestación de lo observado fueron estudiados por el Dr. Wilhem Reich a los que llamó “Orgón”, también “Bioenergía” y para los neobudistas “Prana”.
Cualquier objeto “material”, producto del Orgón es en realidad una organización irrepetible de la estructura de la Lattice (Así como es arriba, es abajo). En su estado fundamental de total coherencia, fuera de la misma lattice no existen ni objetos ni alteraciones temporales. Es únicamente cuando la lattice cambia su estructura fundamental que el tiempo transcurre y los objetos aparecen. Es por ello que se perciben los estados intermedios o los espacios entre la Lattice y su exterior (El Toroide y su exterior) y escribo “fronteras” y no límites, pues la Lattice engloba, rodea, protege la realidad energética en la que estamos sumergidos.
Esta caja en forma de dona (toroide) contiene, transmite y refleja la información bioenergética. Es un Huevo.
La percepción alterada puede suponer su existencia. La visión enteógena nos permite “saltar” el concepto puramente óptico y poder apreciar el Domo, la red que nos rodea. Esta FRONTERA asimilada por una conciencia plena (zetetica) y en el Intento de la expansión es posible traspasarla.
Toda creencia encarcela. Si no se mantiene un cierto grado de zeteticismo con respecto a las ideas, por seductoras que sean, sucumbiremos a la hipnosis. El zetético es escéptico con todos los dogmas. Y eso es lo que nos permite aceptar la Lattice y su exterior.
En los saltos cuánticos de los navegantes del enteogenismo es percibido y observado el mundo fuera del Huevo.
El Chamanismo Amazónico, más allá de la propuesta diagnóstica de la enfermedad humana y del entendimiento de esta realidad como una serie de planos condicionados y relacionados (el telar, los hilos tejidos, el conjunto de interrelaciones interpersonales) basa su observación en la apreciación sin juicios del exterior de la Lattice (más allá de lo que nos atrevemos a conocer como Dios) y permite explorar las posibilidades infinitas de Lattices fuera de la nuestra (la sensación de que no estamos solos en el Universo) y más allá de la materia oscura (no energía oscura) otros toroides o manifestaciones geométricas autogestionadas son percibidas y en determinado momento ¡vinculadas! Provocando una conexión-comunicación con otro tipo de manifestaciones energéticas (encuentros de tercer tipo).
Podemos como las infitesimales partículas que somos, contemplar asombrados el espacio exterior y asombrarnos más al descubrir que lo visto en las alturas corresponde cual espejo a lo que somos por dentro. Polvo de estrellas.
También somos capaces, al entender estos filamentos conductores que entrelazan absolutamente todo, de asomarnos al menos por un instante más allá de la caja de nuestras mentes y poder observar las otras propuestas, los mundos paralelos.
Es tan amplio el tema… espero poder describir más adelante lo que hemos azorado en las 25 lattices más allá de la nuestra.
Les dejo una mínima bibliográfica para poder abundar en el tema.
Jaguar Negro
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