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El ego

Imagen generada con I.A.

Brevísima apología del Ser en consonancia con la inefable confusión ignorante contemporánea.

“Net ego ipse capio totum, quod sum”
(Ni yo mismo comprendo todo lo que soy)

– San Agustín

 

Ego. la voz de origen latino significa “YO”. Esta no es una palabra castellana. Es un elemento radical que nos viene de latín y que es usado en palabras compuestas y también incorrectamente utilizado de forma indiscriminada.

 

Analizada bajo la lupa de varias ciencias y disciplinas humanas, el Ego trasciende para definir la consciencia del propio ser.

 

Bajo la premisa ontológica de reconocerse como “el Ser y sus circunstancias”, el Ego viene a definir la individualidad dentro de un constructo social.

 

El ego como manifestación del individuo dentro de un grupo social, define sutilmente la capacidad de manifestar libremente la personalidad, el carácter, las ideas y los sentimientos.

 

“Ego sum qui sum”
(Yo soy quien soy)

– Vulgata Éxodo 3,14

 

Esta capacidad egoica, regida por el libre albedrío, otorga una personalidad única e indivisible que se reconoce como entidad independiente y autónoma. Así mismo, el ego individualizado, puede generar la asociación con otros individuos con similares características conformando grupos sociales, lobbies, tribus, naciones, etc.

 

En la era contemporánea se mantiene una proclive tendencia a menospreciar, juzgar y condenar el Ego, y al tratarse de una esencia prácticamente criminalizada se argumenta su malignidad sin escudriñar un poco su tremenda importancia.

El Ego representa la instancia psíquica mediante la cual una persona se reconoce y empieza a ser consciente de su propia identidad.

 

¿Quién soy? La parte central de la consciencia humana, encargada de dar el sentido de “sí mismo”.

 

Desde la perspectiva del control mental humano, cuando el ego se manifiesta de forma constante, persistente y potente, se considera que el ego está exacerbado y que traspasa la frontera de lo lógico y aceptable para vivir como seres sociales, entonces se condena. Estamos ante un aprendizaje autorestrictivo, que pierde por completo su lógica al comenzar a adorar al “Habere” por encima del “Ego“.

 

El Habere (tener) es motivo de admiración y deseo. El humano, con su Ego extraviado, tiende a quedar embelesado por el Habere. Así, se mantiene un sistema jerárquico de respeto y obediencia a quien tiene el poder, quien tiene el dinero, quien tiene las relaciones, quien tiene la fama. Y se orilla a la consciencia individual a expresar su ser de acuerdo a lo que tiene (y en los sistemas de pobreza mental a lo que “no se tiene”) en lugar de lo que se es.

 

El humano busca constantemente su identidad. Y en su búsqueda emula lo que le agrada y repele lo que le desagrada. Somos entonces un universo de posibilidades, un abanico de egos que se manifiestan con millones de colores distintos, con formas variadas y espontáneas. Cada cabeza es un mundo… ¡un universo en constante expansión! Hasta aquí no hay necesidad de juzgar o categorizar, valorar y criticar a los egos que son distintos al propio. ¡Viva la diferencia!

 

El sistema punitivo ha normalizado el acoso a los que transgreden el supuesto status quo social con sus egos elevados, modificados o recargados.

 

“Homo homini lupus”
(El hombre es el lobo del hombre)

– Tito Macio Plato

(Aunque se le atribuya al maestro Thomas Hobbes)

 

Detrás de la persecución hay algunos elementos interesantes:

Como en toda manifestación de la energía, el Ego también tiende a mantenerse en precario equilibrio entre sus dos opuestos. La carencia del Ego y el exceso del Ego.

 

El exceso es el más obvio. Y es al que se le confunde constantemente con la palabra Ego.

 

Observemos 3 manifestaciones del exceso del Ego:

Egocentrismo o valoración excesiva de la propia personalidad que lleva a una persona a creerse el centro de todas las preocupaciones y atenciones. Este ego obsesionado pretende que la cosmogonía personal es la verdadera. El grado de importancia es insostenible, pero puede inflamarse aún más:

 

Egolatría o culto o adoración de sí mismo, es decir, consiste en la admiración excesiva de alguien hacia su propia persona. Egolatría y egocentrismo redundan en misoginia, gerentitis, mesianismo, narcisismo y cae en grados sicopatas y sociopatas.

 

Egoísmo o la actitud de quien manifiesta un excesivo interés por sí mismo, y que solamente se ocupa de aquello que es para su propio beneficio, sin atender ni reparar en las necesidades del resto. Es más, al grado de atentar contra los demás en forma de codicia, avaricia, celos y la poderosísima envidia.

 

Egocentrismo, egolatría y egoísmo como manifestaciones de un exceso del Ego tiene en común que agreden a las personas que conviven alrededor, laceran y lastiman, ofenden y violentan lo egos circundantes, generando odio, xenofobia, homofobia hasta crímenes de lessa humanidad.

 

También observamos en la contraparte a la ausencia o defecto del Ego:

  • Sacrificio: acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien. Muchas veces por encima hasta de la propia voluntad. Encadenarse voluntariamente a un objetivo ajeno.
  • Servilismo: (apocado) Que se comporta con timidez, vergüenza o excesiva humildad. Todo es más importante que el propio ser. Se tienen juicios desastrosos de si mismo y se mantiene un perfil rastrero.
  • Abnegación: la renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas. Tomar los retos de la vida como desgracias merecidas y la pobreza como un destino aceptado.

 

En las 3 manifestaciones anteriores, el crimen es al interior, son autoatentados que destruyen a quien los manifiesta, sin tener muchos efectos en el mundo exterior y por ende, solapados y hasta promovidos.

 

Es tan reptante la carencia del Ego que quien lo padece comienza a encontrar la Virtud en el Defecto.

 

“Ego sum Alpha et Omega”
(Yo soy el principio y el fin)

– Vulgata Juan, Apocalipsis 1,8

 

Hablar de Ego espiritual es redundante. La esencia del ser, la consciencia del Uno es un ejercicio espiritual. El Ego es la capacidad espiritual de reconocerse como un Todo… parte del Todo.

 

El Ego se desenvuelve naturalmente bajo una pequeña premisa de cohesión o coexistencia:

“Haz lo que quieras, sin dañar a nadie”

 

Piensa, habla y actúa lo que te venga en gana. No te reprimas, expande tus posibilidades con pleno respeto a la expansión de los demás.

 

Come, viste y compórtate como te dé la gana, sólo atendiendo a la equitativa posibilidad de los demás de no perjudicarlos.

 

“Ego sum Lux mundi”
(Yo soy la luz del mundo)

– Vulgata Juan 8,12

 

Y si en la búsqueda del justo medio, eres susceptible de acercarte a los extremos, es también parte de tu naturaleza humana. Si el barco va en dirección equivocada, mueve el timón rumbo a la estrella que te guía.

 

Si nos alejamos constantemente de las enfermedades del Ego (propiciados por el maestro Miedo): Egocentrismo, Egolatría, Egoísmo, Sacrificio, Servilismo y Abnegación entonces podemos practicar la compasión, la gentileza, la gratitud, la lealtad, el perdón, la abundancia, la felicidad (propiciados por el maestro Amor).

 

Hablo por mi, por mi experiencia, desde mi Ego a tu Ego con Amor y respeto.

 

Jaguar Negro


“Ego iam pridem tutorem meum extuli”
(Hace ya mucho tiempo que sepulté a mi tutor)


– Persio, Sátiras 3,96

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